jueves, 13 de junio de 2013

Prevención y recomendaciones sobre abuso sexual infantil

Licencia Creative Commons
Prevención y recomendaciones sobre abuso sexual infantil por Laura Perales Bermejo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://crianzaautorregulada.com/articulos/prevencion-y-recomendaciones-sobre-abuso-sexual-infantil/.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en http://crianzaautorregulada.com/articulos/prevencion-y-recomendaciones-sobre-abuso-sexual-infantil/.

La sexualidad natural infantil:
La sexualidad infantil existe. No sólo eso, sino que es sana y necesaria para el desarrollo pleno del niño. Por desgracia hay mucha influencia cultural y moral que muestra el sexo como algo sucio, una perversión, algo que debe ocultarse y callarse. Pero el sexo es algo natural que no tiene nada de sucio siempre y cuando no haya otras cosas por medio (que también son provocadas por la influencia cultural). Esta concepción contribuye tanto al abuso como a que las victimas del mismo se sientan culpables y oculten lo que ha pasado, que es el gran problema de estas situaciones.
Desde esta concepción cultural se intenta mantener al niño alejado del sexo (a causa de nuestras propias limitaciones para abordar y aceptar el tema con naturalidad, que a su vez vienen de nuestras propias infancias). Si el niño pregunta algo relacionado, se reacciona con evasivas o mintiendo (por ejemplo utilizando a la cigüeña), cuando se debería dar una explicación real y natural a lo que el niño consulta. Si el niño se toca los genitales, se reacciona evitándolo e incluso increpándole, lo cual es tremendamente dañino para el niño, que no sólo ve afectado su desarrollo psicocorporal, sino que comienza a asociar como sucia y mala una parte de su cuerpo que para el en esos momentos tiene el mismo valor que un brazo o una oreja.
El niño debe tocarse si lo desea. No ocurre nada malo, debemos desterrar nuestros fantasmas personales en ese aspecto. De hecho entre los 2-3 años el niño comienza a hacer esto, cambiando la fuente de placer del pecho de la madre, produciéndose un destete natural, el fin de la fase egocéntrica, la base del comienzo de las relaciones sociales con sus iguales (otros niños) y de la posterior curiosidad epistemológica que se verá en plenitud a partir de los 7 años de edad.
Se trata de experimentación y curiosidad sana, tanto en sí mismos como con otros niños, aunque hay que dejarles claro que siempre debe ser con niños de su edad y cuando todos quieran hacerlo sin obligar a nadie. Los que erotizamos estas situaciones tan inocentes y sanas somos los adultos.
Cuando hablo de no frenar esta curiosidad, no sólo hablo de lo que los adultos perciben como reproches, sino de lo que perciben los niños. Frases como “se te va a caer de tocártelo”, “te vas a quedar ciego”, “te vas a hacer un nudo ahí”, “mira que guarro/a” o similares, aunque dichas por el adulto a modo de broma y sin mala intención son percibidas por el niño como reproche y son dañinas.
En el caso de las niñas esta censura se recrudece debido de nuevo a la influencia cultural patriarcal en la que el hombre es visto como “macho” y la mujer como sucia si se toca los genitales.  Niños y niñas tienen el mismo derecho a ser respetados en su sexualidad. En cuanto a la diferenciación anatómica, de nuevo la cultura suele calificar al niño como el que tiene pene y a la niña como la que no lo tiene. Es importante que las niñas sepan que ellas tienen sus propios genitales, igual que los niños, diferentes pero existentes e igual de válidos.
En resumen, al contrario de lo que se piensa habitualmente los niños y niñas deberían tener fácil acceso a situaciones entre iguales donde pudiesen ver o tocar, experimentar en un ambiente de respeto y sano, con su intimidad al igual que los adultos (y sin preocuparse por que la cosa vaya muy lejos, ya que un niño pequeño no es capaz de penetrar). Si esto fuese lo habitual en la sociedad, no habría abusos sexuales, violaciones, e incluso no habría suicidios ni otras consecuencias culturales, como ha podido verse en investigaciones en otras culturas como las de Malinowski en las islas Trobriand. Por lo tanto, no se debe ni reprimir ni alentar la conducta sexual infantil, se debe dejar fluir de modo natural.
Qué debemos evitar:
Lo que más facilita que se produzca una situación de abuso sexual (y en general de abuso de cualquier tipo) es una educación autoritaria por medio de castigos, intimidación y poder.  Este trato continuado hace ver al niño que hay que someterse al adulto sin atender a razones, hacerlo sin rechistar y siempre obedecer a la figura de poder. El niño pierde capacidad de reacción, de pensamiento crítico, de sentir que es una persona digna de respeto. Con una crianza autoritaria se favorece la anulación del yo del niño, la tendencia a la culpa (que agrava el problema posterior al abuso), la sumisión.
También respecto a la crianza autoritaria tenemos que tener en cuenta lo que nosotros y el niño percibimos como castigo. Lo que para nosotros puede no serlo para el niño si lo es (por ejemplo retirarle algo que le guste). Por eso es importante con cada cosa que hagamos tener en cuenta el punto de vista del niño, qué siente, qué pretende y comprende en la etapa evolutiva en la que se encuentra.
Al contrario de lo que se piensa y como hemos comentado anteriormente, permitir que el niño experimente o descubra la sexualidad desde su curiosidad no es dañino (siempre y cuando sea de un modo sano). Incluso no es perjudicial ver a los padres en el acto sexual en si, aunque si lo es reaccionar exageradamente si el niño nos descubre en ello (retirándose de repente, tapándose, gritando o incluso gritando al niño…), ya que le mostramos que es algo sucio, malo y que debe ocultarse (lo que favorece la sensación de culpa tanto cuando experimentan su propia sexualidad, cosa que es necesaria y sana y que no debería verse afectada por estas concepciones puramente culturales, como cuando son abusados sexualmente. Tienden a ocultar que han sido abusados porque debido a esta visión se sienten culpables y sucios). Si en vez de hacer eso simplemente paramos y le indicamos al niño que papá y mamá necesitan intimidad, sin aspavientos, tranquilamente y con suavidad, el niño no pensará nada malo.
Algo que también influye es la percepción de su propio cuerpo como algo que debe ser respetado. Esto por desgracia no suele respetarse en absoluto, sobre todo en las reuniones familiares donde el niño es obligado a dar besos o abrazos cuando no desea hacerlo, o a recibirlos. Algo tan aparentemente inocente puede ser la semilla de pensar que los adultos que se lo digan pueden hacer con su cuerpo lo que quieran.
Hay situaciones que por lógica se deben evitar o al menos vigilar, como no permitir que el niño vaya con extraños. De hecho se debe prevenir al niño contra esto.
La comunicación está relacionada con el estilo de crianza. Un niño criado en el autoritarismo no es fácil que pida ayuda ante una situación de abuso. Está acostumbrado a no ser escuchado y a que sus sentimientos no importen a los demás. Esto es tremendamente importante ya que el abusador sexual suele actuar de modo gradual, empezando por pequeñas cosas para ir aumentando el abuso con cosas mucho más graves. Que la situación se detecte y se pare a tiempo puede ser la diferencia entre una vida afectada para siempre y superarlo.
Hay que evitar que el niño tenga acceso a la sexualidad ofrecida por lo general en los medios de comunicación e internet, que es de tipo pornográfico, para nada respetuosa, distorsionada y sucia. Esa es la sexualidad que está plagada de enfermedad, no la sexualidad natural a la que si deberían tener acceso mediante explicación honesta de sus padres, dibujos de anatomía humana, etc.
Ante la sospecha de abuso:
Algunas veces el abuso se produce tengamos o no cuidado. Bastan unos minutos para que ocurra. Por eso si sospechamos que ha podido darse lo primero que debemos hacer es actuar con tranquilidad ante los niños e intentar averiguar qué ha pasado, siempre en un ambiente de confianza y ayudándose con juego y complicidad (y adecuando el lenguaje a la edad del niño):
-Sin preguntas directas sobre abuso al principio para no condicionar.
-Intentando que el niño hable de situaciones donde ha podido producirse o de las personas de las que sospechamos para ver cómo reacciona. Por ejemplo podemos preguntarle qué ha hecho hoy o a qué ha jugado en el lugar donde sospechamos que ha podido pasar algo, o preguntarle por los nombres de sus amigos/parientes para ver si nombra al abusador y cómo lo hace (o lo evita). Así damos pie a que el niño cuente algo o a que nos de pistas con lo que calla o evita o con su lenguaje no verbal (si mira hacia el suelo, si se esconde, si cambia de tema, si rehúye…).
-Utilizando herramientas como el dibujo (sobre todo el de la figura humana, dibujando diferentes sexos, a ellos mismos, al abusador si sospechamos quien es…o simplemente para que señalen partes del cuerpo y hablen sobre ellas), historias inventadas que se acerquen a la situación sospechosa, muñecos con los que podemos representar o jugar a nombrar partes del cuerpo…
-Hay que tener siempre en cuenta la intuición de los padres o cuidadores, no suele fallar cuando hay sospechas.
-Investigar si ha habido regresiones como enuresis ya controlando esfínteres, miedos nocturnos, cambios de conducta, decaimiento o apatía, comentarios fuera de lugar que nunca haría un niño de su edad, conducta hipersexualizada (fuera de la curiosidad normal),  autolesiones, irritación genital, flujo vaginal inusual, cambio en el modo de vestir, actitudes defensivas exageradas…
-Si tras todo esto tenemos varios signos que nos hacen pensar en que ha habido abuso sexual pero el niño no llega a decirlo podemos preguntar con delicadeza sobre el tema. A veces no es necesario preguntar, ya que tras utilizar las herramientas anteriores el niño finalmente decide hablar por sí mismo pasado un tiempo.
Si se produce abuso:
Lo más traumático y dañino de una situación de abuso sexual no es la situación en sí, sino el impacto psicológico de la culpa y la rabia hacia uno mismo por parte de la víctima. Por ello es importante cortar por lo sano en cuanto se sospeche e intentar que la víctima no se vea atrapada en esa trampa psicológica que va creciendo y retroalimentándose con el tiempo.
Es necesario trabajar los sentimientos de culpa, permitir y facilitar la salida de sentimientos reprimidos e intentar transformar la culpa en rabia hacia el agresor, eliminando culpa y la rabia que siente la víctima hacia sí misma, sentimientos de “tendría que haber hecho algo”, “estoy solo”, “no valgo nada”, “soy sucio”, etc.
Para ello hay que:
-Reconocer y validar los sentimientos del niño mediante expresiones afirmativas sin cuestionar (“estás triste”, “te sientes culpable”, etc).
-Permitir al niño que hable libremente.
-Mediante cuentos (ver material de apoyo) trabajaremos la culpa para que vaya interiorizando que no es culpable de nada.
-Para facilitar la salida de emociones reprimidas y que cuente lo que desee, se emplearán herramientas como dibujos o representaciones con muñecos.
-Cuando el tema aflore, se debe indicar al niño que aunque sabemos que se siente culpable no lo es, que el culpable es siempre el que obliga a hacer algo al otro.
-Dejarle claro que no está solo, que es querido, que se va a cuidar de él y que sigue siendo el mismo, nada se ha roto.
-Si lo ha llegado a contar, recalcar que es muy valiente por haberlo contado.
-Mediante representaciones aprovechando la fuerza del ejemplo, los padres deben escenificar situaciones en las que uno no quiera hacer alguna cosa inocente que el otro le diga que haga y se lo diga, o expresar su enfado cuando se sienten abusados en cosas cotidianas.
-Normalizar la sexualidad natural infantil mediante cuentos y hablando con sus padres cuando lo desee, sin frenar su curiosidad con otros niños o el mismo.
-Incidir en su identidad y autonomía yoica (frases como “lo has hecho tu” con los logros, utilizar su nombre muchas veces, hablar de lo que hace el mismo…), que puede haberse visto dañada si el abuso justo se produce en la etapa de reafirmación y diferenciación respecto a los otros (entre los 2 y los 4 años).
-Utilizar la imaginación  para jugar a hacer bolas con la culpa o la rabia y sacarlas por la boca vocalizando fuerte.
-Fomentar la conciencia corporal para evitar bloqueos, mediante juegos que impliquen uso de todo el cuerpo, cuentos, juegos de representación (como el traje de la princesa o el caballero en material de apoyo).
-Realizar masajes a nivel oral y diafragmático, ya que son las zonas de tensión acumulada y hay que evitarla.
-Practicar juegos de descarga de rabia y expresión de la misma: guerras de almohadas, con churros de piscina, gritar lo que nos enfada, hacer dibujos y romperlos (sería interesante que dibujase al abusador).
-Evitar el uso de castigos. Generan culpabilidad y sometimiento al más fuerte, promoviendo el abuso y una vez producido recrudeciendo la culpa.
-Los padres deben intentar no preocuparse ni asustarse, ya que aunque no lo muestren el niño lo percibe y puede pensar que ha hecho algo mal agravando el problema.
-No es recomendable someter al niño a nuevos exámenes ni entrevistas que toquen directamente el tema del abuso (si la primera vez que es necesaria, y siempre aclarando que esta vez unos adultos van a verle pero que es porque son médicos y mamá o papá están delante), ya que agravaría el problema respecto a la culpa y sentirse mal consigo mismo.
-Hay que valorar la necesidad o no de terapia.
Material de apoyo:
Sobre conciencia corporal se puede encontrar material de apoyo en la web de Tamara Chubarovsky:http://www.tamarachubarovsky.com/
Una muestra es este vídeo en el que muestra el traje del caballero: 


Para prevenir el abuso o hablar sobre el, hay algunos cuentos que pueden ser de utilidad:
Sobre la sexualidad natural infantil, también hay cuentos de apoyo:
Laura Perales Bermejo
Psicóloga infantil y mamá

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada